Ni los más viejos del lugar habrían predecido un desenlace tan surrealista de la polémica en torno a la nacionalización de YPF por parte del Gobierno argentino. Lo que ocurre es que el surrealismo es de ida y vuelta, con enfrentamientos dialécticos entre políticos de ambos países, entre ciudadanos a través de las redes sociales, haciendo saltar a la palestra algo que ha sido la seña de identidad de los mandatarios de ambas naciones en los últimos años: el nacionalismo hispano y argentino. Qué quieren que les diga. Muchos empiezan a tomarse esto a modo de broma, pero casi no se puede decir porque enseguida, en ambos bandos, surgen voces coincidentes en la forma (rodeados de las respectivas banderas), aunque cada una defendiendo lo suyo.
Observando lo comentado por los medios de comunicación que no caen en la demagogia, me pregunto si todo esto no es un montaje y lo digo por varios motivos. En relación con Argentina, porque la situación del país, seguramente influido por las condiciones económicas globales, es la peor en los últimos años, a lo que se añade el hecho de que Cristina F. de Kirchner se encuentra en la actualidad en uno de los instantes más bajos de popularidad, de ahí que de un golpe populista trate de sacar rendimiento personal.
En cuanto a España, en el ojo del huracán por las dificultades financieras, la imagen de Rajoy compite con la de su homóloga argentina en lo que impopularidad se refiere. Sin embargo, lo ocurrido con YPF ha permitido dar a conocer hoy los recortes en Educación sin que el ruido de sables haya sido demasiado alto, puesto que resuena todavía el histrionismo patrio por lo sucedido con Repsol; y mañana el turno es para la Sanidad, así que no descarto alguna salida de tono relacionada con este conflicto hispano-argentino.
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