En alguna ocasión me he referido a las similitudes que presenta el hacer diario de las presidentas de Argentina, Cristina Fernández, y de Madrid, Esperanza Aguirre, fenómenos mediáticos en la actualidad aunque a niveles diferentes, muy a pesar de la que muchos califican de 'lideresa'.
A sus frases perfectamente preparadas para estamparse en un titular a cuatro columnas, mérito de ellas y de sus asesores, poco a poco se van uniendo otros elementos que les hacen parecer, en ocasiones, la misma cara de una moneda. No han faltado los momentos dramáticos en ambas, ni las alusiones al nacionalismo, tampoco un estilismo que choca en ocasiones con la realidad de la ciudadanía (a pesar de que alguna de ellas ha mostrado en público y ante algún incondicional su gusto por comprar donde lo hace el populacho).
Cada cierto tiempo, gracias también al control férreo que mantienen sobre algunos medios de comunicación, buscan y logran unos minutos en televisiones, radios y periódicos, por los que muchos otros pagarían (y pagan) auténticas millonadas. Pero ellas lo consiguen sólo abriendo la boca y dejando salir alguna algarada o frase grandilocuente, vacía de contenido, aunque capaz de hacer temblar a sus propios aliados.
En clave ideológica, incluso, a pesar de las nacionalizaciones de una y las privatizaciones de la otra, convergen al final persiguiendo el aplauso incondicional de sus seguidores que, en ambos casos, son muchos. Las dos despiertan pasiones y rechazo en una proporción casi idéntica; además, sus ambiciones no se quedan en sus lugares de residencia o liderazgo, sino que siempre suspiran por cotas más altas, bien en forma de cumbres internacionales y fotos con mandatarios mundiales, bien en un plano más local tratando de poner en entredicho la labor de quien un día se convirtió en presidente.
También en esto se parecen porque los resultados de sus estudiadas y preparadas apariciones y políticas se quedan en el limbo de sus propios reinos (que ya está bien, aunque ellas siempre quieren más).
Lo último en lo que coinciden (último conocido, claro está) es la utilización que hacen de los medios de comunicación públicos (de los privados, no todos por fortuna, se han encargado a lo largo de los años). Mientras una, Aguirre, ha marcado el camino con la Radio y Televisión de Madrid, la otra, Fernández, ha iniciado una campaña en 'sus' medios, pagados por los argentinos, para simplemente 'vender' sus bondades y atizar a los críticos.
Seguirán dando guerra en las próximas semanas porque se retroalimentan de sus propias palabras y titulares grandilocuentes. De Biedma y De Kichner son las nuevas damas de hierro del siglo XXI. Únicamente cabe preguntarse que pensará la original de ambas.