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domingo, 17 de febrero de 2013

Diputaciones: premiar el voto político en detrimento del ciudadano

Desde hace años los ayuntamientos de este país vienen reclamando una nueva ley de financianción de las administraciones locales. Lo han repetido consistorios de diverso tamaño y color político. El objetivo fundamental que persigue esa reivindicación tiene que ver con la supervivencia de miles de municipios repartidos por todo el Estado. Como siempre, el dinero es el que manda y las administraciones "más próximas al ciudadano", tras el estallido de la burbuja inmobiliaria, han visto como sus fuentes de ingresos se han ido al garete. Sin embargo, hay que señalar en su descargo que esas mismas intituciones llevan reclamando una modificación de la normativa en cuestión desde antes, durante y, por supuesto, lo seguirán haciendo después de esta crisis económica. Durante años, los ayuntamientos han sido los encargados de ofrecer y pagar servicios a sus vecinos cuya compentencia correspondía y corresponde a las Comunidades Autónomas. Hay que subrayar que muchas de esas actividades están relacionadas con servicios sociales (teleasistencia, por ejemplo). Estas partidas han supuesto una merma para las cuentas públicas municipales ante la que las instancias superiores siempre han mirado hacia otro lado.

La nueva normativa de la que este viernes el Gobierno dio a conocer algunos detalles, aunque en ocasiones imprecisos por parte del ministro, Cristóbal Montoro, deja de nuevo en el aire, a falta de disponer de más datos, ese problema de las 'competencias impropias' al tiempo que confirma lo que ya se venía hablando desde hace unos días, es decir, el aumento de poder de las diputaciones provinciales.

Evidentemente el tema económico no es el único, pero da la impresión de que el anteproyecto de ley no resuelve éste ni otros asuntos en profundidad, antes al contrario porque en algunos casos parece que viene a complicarlos todavía más o a dificultar aquellos que algunas fórmulas, como las de las mancomunidades, estaban ofreciendo resultados nada despreciables.

Me quedo con el fortalecimiento de las diputaciones provinciales, instituciones que en regiones gobernadas durante décadas por una misma formación, se han convertido en verdedares reinos absolutos (De diputaciones, nepotismo y otras leyendas urbanas) en los que esos mismos partidos han echado raíces de generación en generación. Si la idea es mejorar la economía, tal y como están definidas y actúan estas entidades, la solución que plantea el Ejecutivo es descabellada; si, por el contrario, el objetivo es 'fiscalizar' lo que se hace en cada Comunidad Autónoma desde un punto de vista político insano, entonces esta primera piedra es más que acertada.

Se da la circunstancia de que desde que la democracia llegó a este país, para algunos parece que por arte de magia, las diputaciones provinciales han ido consolidando la fama despectiva ganada durante décadas y que, en la actualidad conservan. Con los cambios que propone el Gobierno se multiplicará por mucho. Decepciona una vez más Mariano Rajoy (no olvidemos que él también fue presidente de una Diputación, la de Pontevedra) y lo hace 'vendiendo' una reforma de la administración local pero desde una posición propia de otras épocas nada recomendables. Las artes que se utilizan desde estas instituciones ha generado no pocas noticias relacionadas siempre con corrupción, nepotismo y prácticas poco sanas. Sin ir más lejos, sólo en los últimos meses cuestiones relacionadas con las de Ourense y Castellón se encuentran ahora mismo en fase judicial.

El reproche a Rajoy también es extensible a Rubalcaba porque su apuesta decidida por su examen para extraer las conclusiones necesarias para modificar el régimen que las sustenta, no era tan decidida; lo planteó en una campaña electoral en la que se sabía perdedor pero sin hacer nada en los 8 años anteriores en La Moncloa. Las presiones de los barones regionales es muy fuerte; no obstante, los líderes de los grandes partidos no son conscientes de que una decisión contundente acerca de las diputaciones conllevaría la eliminación de ese papel de seudo embajadas que representan para los barones autonómicos.

Al final resulta que el Gobierno resta poder a la soberanía popular, al voto ciudadano, mediante la descomposición de un poder, el municipal, para otorgárselo a las diputaciones, cuya constitución depende del voto político. Otro paso para que la confianza de los españoles hacia sus representantes públicos descienda todavía más. Por cierto ¿qué pasará en las CCAA sin diputaciones? ¿volveremos a ver la Diputación de Madrid? Otro cementerio de elefantes.

jueves, 31 de enero de 2013

De diputaciones, nepotismo y otras leyendas urbanas

Nunca antes, que yo recuerde, las diputaciones provinciales han copado tantas páginas o minutos en los medios de comunicación. Bueno, sí, cuando Rubalcaba habló, o mejor dicho, lanzó el globo sonda de su eliminación antes de las elecciones del 20N; en ese caso, sin embargo, era un coitus interruptus porque el resultado de los comicios se conocía meses antes de su celebración.

Ahora, con el caso del "cacique bueno" Baltar en Ourense y el desfile de los 'enchufados', de nuevo vuelve a ser noticia y enseguida surge la pregunta o preguntas: ¿Cumplen las diputaciones una labor eficiente? ¿Son realmente necesarias? ¿Sólo en la del reino ‘baltariano’ ha habido nepotismo? Como en el caso de los Mandamientos, estas y otras cuestiones que pululan en las cabezas de muchos ciudadanos se encierran en dos: "Seguirás las órdenes del cacique sobre todas las cosas y a su bolsillo como si fuera el tuyo". 

Seguramente muchos de los que ahora mismo leen este artículo están empezando a pensar en conocidos que trabajan en alguna diputación. Lo cierto es que a lo largo de nuestra historia, esta institución se ha ganado a pulso ser centro de operaciones del político de turno y, por ende, de su partido. 
 
Si echamos la vista atrás enseguida nos viene a la cabeza (háganlo y verán como es así) 'fulanito de tal', ¡Sí hombre, ese que se quedó en el puesto de su difunto padre! o la mujer de 'pascual', ¿aquella que no sabía hacer la 'o' con un canuto y que ahora tiene un cargo en la diputación? ¡Claro, ya me lo imaginaba...!

No seré yo el que me ponga aquí a tirar piedras contra los caciques buenos, ni mucho menos. Pero todo lo que sucede debería invitar a la reflexión de la verdadera utilidad de las diputaciones provinciales. Su conversión en reinos de taifas en los que el control y los puestos de representación en algunos casos han ido a parar a personas sin preparación (desde todos los puntos de vista, no sólo académico), las han convertido en juguetes cuya única finalidad es el aplauso al político de turno (al principio el menos, llamémosle, avispado, pero que tras años en el cargo, porque esto siempre se repite, con un poder sorprendente dentro y fuera de su propio partido).

Ahora que tanto se habla de regeneración, tal vez sea el momento de proceder a un análisis de su utilidad. No hay que olvidar que su aparición coincidió con la Constitución de Cádiz de 1812, y aunque las diputaciones han sufrido cambios con el paso del tiempo, lo cierto es que su funcionamiento, en ocasiones, parece propio de aquella época. 

Muchos dirán: Sí pero ¿qué ocurriría entonces con los servicios que las diputaciones desarrollan en los pueblos? Simplemente que esas tareas serían asumidas por la Comunidad Autónoma de turno. Ya pero no es lo mismo, se perdería el trato cercano, la ¿rapidez?... Ese es uno de los grandes problemas de este país. En medio de la mayor crisis económica de la historia se confunde la cercanía con la efectividad de un servicio que, en muchos lugares, ahora mismo es de todo menos eficiente. A modo de ejemplo, en Madrid hasta 1983 hubo diputación provincial pero la llegada de la autonomía supuso su desaparición y la asunción de sus competencias y funciones por parte de la administración regional ¡y en Madrid también hay pueblos, y muchos!

Es simplemente una reflexión. Por cierto, lo que comentaba antes en relación con fulanito de tal o la mujer de 'pascual' era sólo una ocurrencia, nada que ver con la realidad. Algo así como… una leyenda urbana. Pues eso.

* Artículo publicado en www.pontevedraviva.com