Con el frío acechando por todos los lados Paula continúa con su evolución cognitiva. Sus salidas siguen sorprendiéndonos y la última tiene que ver con la educación. No voy a hablar de Wert y sus normas que nos abren los ojos al tiempo que buscan una 'excelencia' que jamás conseguirá con sus métodos. A modo de ejemplo ese modelo bilingüe que se ha instalado, sí instalado porque lo de instaurar es otra cosa, en algunas comunidades. A Madrid, pionera en esta materia, le ha seguido, entre otras, Castilla-La Mancha, eterna región experimento para que Cospedal trate de aferrarse a su puesto de número dos del PP, según dicen desde su propio partido con el fin de regresar a la capital para 'otras cosas'. La educación en esta comunidad ha sido una de las grandes damnificadas por las políticas/recortes de la administración regional.
Ese modelo de bilingüismo - en Baleares se habla de trilingüismo, como en Galicia- se intenta implantar con los profesores que ya impartían sus clases en castellano, ese otro idioma tan maltratado y que tantas puertas podría abrirnos en Latinoamérica (de hecho lo hace ya con ese "espíritu aventurero" propio de la juventud y la "movilidad exterior" que practicamos casi como deporte). Como denuncian los propios docentes, los resultados de ese modelo trata de lograrse con cursos intensivos de inglés. ¿Os imagináis a esos profesores dando matemáticas in English? ¿y a esos padres ayudando a sus hijos con los deberes en la lengua anglosajona? Pero bueno, hacia eso vamos. Tal vez la intención sea buena (que cada cual piense lo que quiera), sin embargo las cosas por... narices no se consiguen y solo conducen a resultados negativos, y si no que me lo digan a mí con la pequeña Paula.
Este post iba sobre ella y una de esas frases que, como a todos los progenitores, sueltan estos enanos para dejarte ojiplático. A la hora de contextualizar lo dicho por Paula es necesario acudir a esa edad en la que, desde hace poco más de un mes, se encuentra: los famosos ya 4. Ni siquiera un libro sirve ante situaciones así, o sí, quién sabe.
La cuestión es que en medio de un berrinche en el que nuestra hija trataba de... lograr algo, sinceramente no recuerdo el qué, si bien soy capaz de entender que para ella era lo suficientemente importante, entre lágrimas nos soltó: "Lo que pasa es que los padres no sabéis educar". Nuestra cara supongo, en el momento de escuchar esa frase, reflejó sorpresa. En ese instante su madre y yo nos miramos y ella, que es muy lista (¿He dicho ya que es listísima, la más lista?) aprovechó la coyuntura para dotar al momento de mayor solemnidad y realismo para concluir diciendo: "No sé qué es educar, pero vosotros, los padres seguro que lo hacéis mal"... Sobran comentarios. Sonrisa, media carcajada (aquí no pudimos disimular como mandan los cánones de Supernanny) y a continuación estupefacción. Primero por la salida verbal en cuestión; segundo al preguntarnos por las razones de una afirmación de este tipo que dejaría noqueado al mismísimo ministro del ramo.
En realidad no me voy a romper la cabeza acerca de si sé o no educar a mi hija. Y no lo hago, seguramente, porque la respuesta que me daría a mí mismo podría sorprenderme, y no de manera positiva. Es evidente que los padres tratamos de educar a nuestros pequeños de la mejor manera posible. Lo digo desde un punto de vista general que cafres los hay en todos los sitios y facetas de la vida. Sin duda las herencias recibidas (no me refiero a las económicas y, mucho menos, a las políticas) también influyen, de ahí que en la tarea educativa se centre esa especie de principios o valores mínimos de convivencia, cuestiones que, por cierto, parece que en nuestra sociedad actual y hacia la que nos dirigimos, está perdiendo de forma preocupante.
Una reacción de este tipo de una pequeña de cuatro años puede dar lugar a reflexiones interiores sobre aspectos de la vida que parecían agarrados como si de cemento armado se tratase. Para terminar una pregunta a la que puede contestar quien quiera (y no lo hagáis todos de golpe) ¿Qué es educar?
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